SAMOS: ”UN POBO QUE VIVE NO TEMPO”

  • El camino a Santiago, y a los gallegos.

Samos no hubiera sido lo que fue y es sin la existencia del Camino de Santiago. Para dar a conocer en su totalidad dicho acontecimiento, hay que remontarse al siglo VIII d.C., concretamente al año 711, en el que se asistió a uno de los mayores acontecimientos de nuestra historia: la ocupación árabe de la península ibérica. Dicha ocupación fue provocada por el general Tariq que acabó con el poder visigodo manteniendo la existente capital hispana por aquel entonces, Toledo. 3 años más tarde los árabes tomarán Lugo, asentándose durante 56 años aproximadamente.

Un siglo después, con el ya formado Reino Astur, en tiempos de Carlo Magno, se comienza a extender la creencia de que el cuerpo del apóstol Santiago se encuentra en dicho reino, solamente faltaba encontrarlo. Dicha creencia coincide con la época de la Reconquista así que no es casualidad que, en el año 830, bajo el reinado de Alfonso II, el obispo de Iria Teodomiro encuentra una tumba que, rápidamente se asocia a la del apóstol, reafirmando así el poder del monarca y la religión católica y creando la actual ciudad de Santiago de Compostela.

Surgen así, a partir de la tercera década del siglo IX, multitud de peregrinaciones a Santiago de Compostela para visitar las reliquias del apóstol. Sin embargo, en este mismo siglo, en el año 997, estas peregrinaciones se estancan debido a la invasión de Almanzor. Habrá que esperar al siglo XI para que el lugar santo vuelva a tener fama; hay un hecho que incita a llevar a cabo este tipo de peregrinaciones: la existencia y fama de la orden de Cluny, que rápidamente se convertirá en la orden más seguida e importante de la Europa medieval y que, durante el siglo XI, será la que promueva las peregrinaciones a Santiago a cambio de que los reyes cristianos del momento hagan generosas donaciones a sus monasterios. Estos monarcas comenzarán a construir puentes y hospitales en sus territorios para facilitar el tránsito y se irá formando poco a poco una ruta principal, el Camino Francés -el que pasa por Samos e O Cebreiro-.

Tal fue la popularidad de este predicador que, hoy en día, continúa habiendo gentes de todas partes del mundo que recorren los diversos caminos del Camino a Santiago: el camino primitivo, el citado camino francés, el camino del norte, el camino portugués, el camino inglés y un largo etcétera. El Parlamento Europeo designó al Camino como el Primer Itinerario Cultural europeo y la UNESCO lo declaró Patrimonio de la Humanidad.

  • Historia eterna de un Samos eterno

Los vestigios arqueológicos conservados en el municipio de Samos son testimonio de asentamientos prehistóricos en estas tierras: sin duda, las manifestaciones más antiguas de esos primeros pobladores son las cuevas de Santalla y los túmulos megalíticos de Bustofrío y Trascastro, pertenecientes al periodo paleolítico, al neolítico y al megalítico respectivamente; posteriormente, Samos será testigo durante años de la consolidación de la cultura castreña que dejó un rico patrimonio con asentamientos urbanos y funerarios en Loureiro y Formigueiros, cuyas excavaciones arqueológicas tuvieron que suspenderse por falta de medios económicos.

Restos de dos casas en el castro de Formigueiros

La abundancia de estos antiguos poblados indica la importancia de la cultura castreña, manifestada en lugares como Pascais, Romelle, Lourido o Estraxiz, en los que, a pesar de no haberse realizado excavaciones, se puede datar la presencia de esta cultura en un periodo comprendido entre el siglo VII a.C., en el que se asiste a un periodo de formación, hasta el siglo II d.C., momento en el que la cultura castreña llega a su fin debido a la invasión romana.

Sin embargo, es a partir del siglo VI cuando Samos va a vivir sus mejores momentos, puesto que la construcción del monasterio y su ocupación van a acaparar su historia. Su origen se remonta a la época de dominio suevo y visigodo, situando su fundación, como se citó anteriormente, en el siglo VI, en tiempos de San Martín de Dumio. El monasterio quedará abandonado en el año 714 con la llegada de los árabes a Lugo, aunque por un corto periodo de tiempo, ya que se tiene noticia de la asignación del terreno que hace el rey Fruela I en la segunda mitad del siglo VIII al abad Argerico, el cual, posteriormente, proporcionará estancia y refugio a Alfonso II el Casto, que pasará su infancia en el monasterio -testimonio que otorgará fama y poder a Galicia-.

Ya en el siglo X, la vida monástica en el monasterio sufre un quebranto, momento en el que los nobles gallegos Arias y Gutier Menéndez pedirán al abad San Virila de Penamaior (Becerreá) el envío de diecisiete monjes que finalmente lograrán retornar la vida monástica al cenobio. Es en el siglo X cuando este cenobio toma la regla de San Benito, regla que se extendió hasta la actualidad. A raíz de la adopción de la regla de San Benito y de la creciente fama del Camino de Santiago, el monasterio se ocupará de dar hospitalidad a los peregrinos en el año 960. En el año 1175, la abadía ejercía jurisdicción sobre 105 iglesias repartidas por toda Galicia -existe documentación de ello en una bula papal de Alejandro III, del mismo año-. En el siglo XV los Reyes Católicos implantan una reforma en los monasterios benedictinos, teniendo como consecuencia un importante impulso en el aspecto económico y en la formación monacal, viviendo una época de intensa actividad en los siglos XVII y XVIII.

San Benito

En el siglo XIX, el monasterio se convertirá en hospital de guerra durante la ocupación francesa. En este siglo se iniciará una etapa de incertidumbre para el futuro de la abadía que afectará en especial al número de monjes: pasará de ser habitado por treinta y siete monjes a solo tres. Esto lleva consigo el deterioro del edificio, que fue entregado por el Estado al municipio de Samos, pero ante la insuficiencia de fondos será devuelto a manos del Estado en el año 1862. No será hasta el año 1880, cuando el monasterio inicie su resurgimiento con la llegada de nueve monjes de la orden procedentes de Valladolid, que trabajarán en su restauración y mantenimiento vital. Actualmente continúa perteneciendo a dicha orden, pero se redujo de nuevo el número de monjes a 3.

Vista de Samos desde Outeiro
  • El monasterio en el arte; el arte en el monasterio

Acompañado por el fluir constante del río Oribio, este templo se conserva intacto pese a su larga vida con sólidos y austeros edificios construidos con mampostería de pizarra que contrastan con la imperante elegancia de los claustros de granito. Dispone de una grandiosa fachada-telón propia del estilo barroco que provoca una horizontalidad fluida sin demasiadas interrupciones ornamentales, entre las que destacan cuatro columnas dóricas sobre pedestales que custodian la puerta y la hornacina superior, que alberga una imagen de san Benito y, en su segundo cuerpo, un gran óculo central flanqueado por dos pares de columnas y dos hornacinas con las imágenes de san Julián y santa Basilisa, patronos del monasterio. Le precede una escalinata del siglo XVIII, inspirada en la del Obradoiro de la catedral de Santiago de Compostela.

Fachada del monasterio

En su interior hay dos claustros: el primero, conocido como el claustro del padre Feijoo, fue construido a finales del siglo XVII y está considerado, con sus 54 metros de lado, de los más grandes del estado español entre los de su clase, siendo su estilo una muestra del paso del renacimiento al barroco. En el centro conserva una estatua del monje, que vivió en este monasterio, obra de Moure.

Claustro del padre Feijoo

El segundo claustro, más pequeño y lleno de diferencias respecto al anterior, es conocido como el Claustro de las Nereidas. Es de estilo gótico y está presidido en el centro por una hermosa fuente barroca. La clave con el busto de San Benito, en el tramo de bóveda situado ante la puerta del refectorio, nos muestra la fecha de su comienzo:1562. Su construcción se prolongó durante 20 años hasta 1582. En torno a este claustro, que está cubierto con bóveda de crucería y todavía conserva una portada románica, giraba la vida de la abadía, por lo que al patio se abren las estancias de la cocina, el refectorio y la biblioteca.

Claustro de las Nereidas
Biblioteca
Botica

Adosados al claustro del padre Feijoo por la parte noroeste, se encuentran su iglesia y su sacristía. La sacristía, de planta octogonal, se construyó durante el último cuarto del siglo XVIII y es, por lo tanto, de estilo neoclásico y neobarroco. Se presenta cubierta con una bóveda gallonada con casetones que descansa sobre pechinas decoradas con unos triángulos curvos de madera con figuras en alto relieve, que representan a Jesucristo y las virtudes teologales y cardinales.

Bóveda de la sacristía

La iglesia, al igual que la sacristía, fue construida en el siglo XVIII y es de estilo barroco, visible en su sobriedad y austeridad. Consta de planta de cruz latina y de tres naves: como es típico, la nave central es de mayor altura y anchura y está cubierta por una bóveda de cañón casetonada; en el caso de las naves laterales, más bajas, por una bóveda de crucería. El alzado del templo se estructura mediante pilastras dóricas de festón vertical, que comprenden en su parte inferior arcos de medio punto sobre impostas. En la parte superior, se abren unas tribunas con arco de medio punto y barandilla de hierro forjado.

Iglesia del monasterio

El monasterio conserva la puerta de entrada a la antigua iglesia, del siglo XIII.

  • La capilla que nos acerca a otra cultura

La ocupación musulmana de la Península Ibérica junto al fenómeno posterior de La Reconquista tienen como consecuencia el nacimiento del llamado Arte mozárabe. Este nuevo arte se desarrolla tanto el territorio musulmán como en tierras ya reconquistadas y Samos cuenta con una obra arquitectónica de estas características: la Capilla del ciprés o Capilla del Salvador. 

Capilla del ciprés

La Capilla del Salvador es un sencillo templo de ”estilo mozárabe” -si bien hoy en día sería más conveniente decir ”estilo del siglo X”- de finales del IX o principios del X. La finalidad de su construcción, hoy en día, no está muy clara. Según el historiador Henry Hubert, en esta época era típico construir una capilla cerca de un monasterio. En cuanto a la hipótesis de Chamoso Lamas, debía ser una capilla funeraria por las tumbas halladas cerca de la capilla. También hay una hipótesis de la que habla Torres Balbás que defiende que esta capilla, al igual que la capilla de San Miguel de Celanova (Ourense) tenía una función de oratorio para los peregrinos al tratarse de una capilla cercana a un monasterio en pleno Camino de Santiago.

Está situada al lado del río, en una de las entradas al pueblo, entrada que conducirá al monasterio benedictino. Este templo se encuentra al lado de un ciprés, de ahí uno de sus nombres. Durante esta época se solía plantar un ciprés a la vez que se construía la ermita como señal de espiritualidad y protección, como el puente de unión entre el mundo terrenal y el espiritual. Esta capilla cuenta con un arco de acceso al ábside de influencia islámica y albergaba un retablo renacentista dedicado a Jesucristo como Salvador del mundo, de ahí su nombre, pero no se conserva. Se conservan la sencilla decoración de su interior que, debido a la abundante humedad que hay, en algunas zonas se ve difícilmente.

Interior de la capilla

La capilla fue declarada Monumento Nacional en 1944 y ocupa una posición privilegiada de la Ruta Xacobea. En cuanto al ciprés, de 25 metros de altura y 3.25 de perímetro, que se encuentra flanqueando la puerta, es considerado uno de los 50 árboles más importantes de España. En 1926, un rayo cayó en una parte de su tronco y, hoy en día, tiene un parche negro que lo protege.

Capilla con el ciprés

Publicado por Nerea Golightly

Amante del arte hasta tal punto, que decidí dedicar mi vida entera a explorarlo, escribirlo y comerlo. Soy gallega orgullosa, amo mi tierra como el que ama a un hijo. He estudiado Historia del Arte en la ciudad más bonita del mundo, Santiago de Compostela. Actualmente resido en Lugo, ciudad que me vio nacer, pero pronto me iré a vivir a Barcelona para convertirme en egiptóloga. Soy la autora de un poema publicado en el libro ‘‘Poetas nocturnos IV’’ y de varias ilustraciones que he ido presentado a concursos desde que tengo uso de razón. Se podría decir que vivo por y para el arte pues no creo que exista un mecanismo de escape más fascinante.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea tu página web en WordPress.com
Empieza ahora
A %d blogueros les gusta esto: